Ruben Pater, holandés, es diseñador, docente y activista. Con sus narrativas, textuales y visuales, quiere acercarse a la igualdad, la solidaridad y el decrecimiento. Él mismo dice que es un diseñador que vive un momento en el que el mundo lo último que necesita es más diseño, así que ha encontrado la escritura y la documentación gráfica como vehículo para reflexionar sobre sus inquietudes. Lo hace en libros como “Las políticas del diseño” o “CAPS LOCK”.

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En tus textos relacionas el diseño con la cultura, la política, con los estereotipos, el género, la guerra, el colonialismo o su impacto en la sociedad, entre muchos otros elementos envueltos en sesgos. ¿Qué responsabilidad tiene el diseño en todo ello?
La motivación del libro surgió directamente de mis experiencias trabajando en estudios de diseño. Trabajé con diseñadores de Irán, estuve varios meses trabajando en Turquía y también con inmigrantes de segunda generación de Turquía y Marruecos en los Países Bajos. Al enfrentarme a diferencias culturales y a distintos sistemas de escritura, me parecía muy extraño que no aprendiéramos sobre otras culturas del diseño en la escuela de arte. Al fin y al cabo, nuestros diseños viajan por todo el mundo a través de las redes sociales, y la polinización cultural ocurre constantemente.

Solía creer que los diseñadores simplemente aportamos belleza y organización a la comunicación, pero al escribir el libro me di cuenta de que también participamos en decisiones culturales: escogiendo fotografías, tipografías, ilustraciones, mapas del mundo e infografías. Todos estos elementos contienen siempre una determinada perspectiva o visión del que, muchas veces sin darnos cuenta, incorporamos a la comunicación.
El diseño neutral no puede existir, porque quienes lo producen siempre lo hacen desde una determinada cultura, sesgo y/o perspectiva.
A muchos diseñadores se les enseña que el canon del diseño moderno occidental, surgido de la Bauhaus, es una forma neutral o universal de diseño, y que por ello la comunicación funciona sin fricciones. Por supuesto, esto no es así. Incluso en Europa, el estilo moderno fue malinterpretado y rechazado por muchas personas cuando se introdujo. No fue el resultado de un acuerdo universal, sino un estilo impuesto al resto. La principal lección del libro es que el diseño neutral no puede existir, porque quienes lo producen siempre lo hacen desde una determinada cultura, sesgo y/o perspectiva.
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Recientemente (2025) se ha publicado la versión española de tu libro Las políticas del diseño (editorial Ciento Ochenta Grados), que se publicó por primera vez (The Politics of Design, BIS Publishers) en 2016. Cada uno de los puntos que abordas son totalmente actuales y vigentes a día de hoy, 10 años después. ¿Qué estamos haciendo mal desde el diseño para no llegar a resolver los problemas a los que se va enfrentando la comunicación visual?
Nunca habría imaginado que el libro tendría una vida tan larga, así que ha sido una experiencia muy positiva saber que la gente lo aprecia. Es cierto que el contenido se ha mantenido bastante vigente, aunque algunas tecnologías hayan cambiado. Cuando lo escribí hace diez años, tomé la decisión consciente de no centrarme en tendencias o fenómenos pasajeros, sino en cómo se percibe estructuralmente la comunicación visual en diferentes culturas. Temas como los malentendido, la manipulación de imágenes, los distintos alfabetos o los estereotipos son resultado de cómo las culturas se interconectan y, por tanto, aparecen a lo largo de la historia, independientemente de las técnicas gráficas.

Desde que escribí el libro, algunos estereotipos han sido cuestionados, y veo una mejor representación de las mujeres, cuerpos más realistas, más presencia de personas queer, de identidades no binarias y una imaginería más inclusiva en la publicidad. Creo que, en general, los diseñadores son hoy más conscientes de las diferencias culturales y de las desigualdades en el diseño. En los últimos años han aparecido libros excelentes sobre las historias de diseñadoras feministas y negras, sobre diseño queer y sobre diseño indígena. Pero también debemos ser conscientes de que, al final, los diseñadores y sus clientes están sujetos a las tendencias políticas.
Creo que, en general, los diseñadores son hoy más conscientes de las diferencias culturales y de las desigualdades en el diseño.
Ahora, con Donald Trump, vemos también una fuerte reacción en contra de la comunicación inclusiva, donde derechos básicos como la igualdad de género o racial vuelven a ponerse en cuestión. Incluso la educación sobre estos temas está empezando a censurarse en Estados Unidos, y observamos un aumento de expresiones conservadoras y sexistas entre hombres jóvenes en internet. Así que la lucha por la igualdad está lejos de haber terminado y sigue siendo fundamental.

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Dices que “la conciencia política no limita la creatividad, sino que abre nuevas vias de exploración para una cultura visual crítica”. ¿Qué importancia (y responsabilidad) tiene una mirada crítica en el ámbito creativo?
Muchos diseñadores hoy en día disfrutan de su trabajo, pero también están preocupados por el estado del mundo. Es imposible ignorar las guerras, la violencia, los genocidios y la crisis climática en curso que nos afecta a todos de alguna manera. ¿Cómo seguir promoviendo productos o servicios que no necesitamos mientras todo esto está ocurriendo?
La lucha por la igualdad está lejos de haber terminado y sigue siendo fundamental.
Muchos diseñadores me han dicho que desearían dedicar más tiempo a ayudar a los demás o a trabajar en temas importantes, en lugar de centrarse en vender productos. Esto no significa que el diseño pueda “resolver” estos problemas, ni mucho menos, pero tampoco significa que no tenga nada que ver con ellos. Al mostrar que cada aspecto del diseño tiene connotaciones políticas, también podemos hacer todo lo posible por utilizar esto a nuestro favor: apoyar a quienes necesitan nuestra solidaridad y visibilizar los temas que consideramos importantes.

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¿En qué estás trabajando, ahora mismo?
Después de The Politics of Design (2016), escribí mi segundo libro, CAPS LOCK (2021), y ahora estoy trabajando en mi tercer libro, que será el último de la trilogía y cuya publicación está prevista para 2027. Estará compuesto por más de 30 artículos que presentan distintos colectivos, iniciativas y ejemplos prácticos de todo el mundo sobre cómo construir comunidad a través de la solidaridad. Se trata de ejemplos que he ido recopilando durante la última década y que me han inspirado para imaginar otras formas de sociedad que unen a las personas en lugar de dividirlas. Será un libro menos centrado en el diseño y más en ideas esperanzadoras para el futuro: un libro pensado para inspirar a la gente a unirse y organizarse.
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¿Qué planes de futuro tienes?
Aparte de mi próximo libro, estoy en proceso de poner en marcha un máster en Diseño y Decrecimiento en Elisava, que comenzará en otoño de 2027. Trabajando junto a arquitectos, diseñadores de producto, agroecólogos y teóricos, queremos imaginar y construir una sociedad que necesite menos energía y recursos, para que tanto el planeta como las personas puedan sobrevivir y prosperar. Por ejemplo, construir con materiales sobrantes, reparar y regenerar, y desarrollar proyectos colectivos con comunidades e iniciativas en Cataluña. Para mí, esto es lo que el diseño necesita ser hoy: una práctica local, radical, ecológica, política y social que no solo crea, sino que también cuida nuestro entorno material. Esa es la única manera de construir un futuro mejor no solo para unos pocos, sino para todos.